Vacaciones Parte 2

Lo admito está historia está en hiatus desde hace un buen rato, pero prometo que algún día la terminaré...


Vacaciones
Capítulo 2

Es tan fácil dispersarse aquí… El cielo se ve tan azul… Y claro, como siempre me ha costado distraerme, pensé sarcásticamente, mientras miraba el cielo azul sobre la Casa de Autocontrol.

Cada vez me alejaba más y más del presente y la realidad, hasta que me sentí como de quince años otra vez…

***

Estimados pasajeros: habla su capitán, hemos aterrizado sin contratiempos en nuestro destino, la temperatura exterior es de 24˚ Celsius y son las dos y media de la tarde. Queremos agradecer, de parte de toda la tripulación y la aerolínea, que hayan volado con nosotros, es un placer haberlos tenido a bordo. Por favor esperen a que el avión se haya detenido completamente para desabrochar su cinturón de seguridad y buscar sus cosas en el compartimiento de carga…— la voz del capitán aún resonaba en los oídos de la joven, mientras caminaba en el aeropuerto rumbo a la salida de este.

Estaba feliz de regresar a su casa, el viaje había sido “interesante”, pero ya sentía que era hora de regresar al mundo real. Observaba cada escaparate del “Duty Free” con ojos nuevos. El paseo le había enseñado a valorar los momentos de tranquilidad como ese y de ahora en adelante esperaba tener muchos así. Siguió caminando lentamente hasta la banda sin fin donde iban a dar las maletas. Esperó, tarareando una canción, a que pasara la suya y la de su madrina y las recogió. Ahora sólo faltaba pasar por la ventanilla de entrada al país y estaría lista para ver a su familia que esperaba afuera.

Sin embargo, en las ventanillas reinaba una especie de caos, al parecer hacía sólo dos semanas se había aprobado la nueva ley de control para personas con poderes sobrehumanos, y parte de las nuevas regulaciones era evitar la entrada de más personas con esas características. Observó cómo varios policías revisaban, con alguna especie de artefacto electrónico, a cada persona que entregaba su pasaporte en alguna de las ventanillas. Estaban revisando a un joven, con aspecto de estadounidense, cuando uno de los artefactos empezó a sonar con un estridente tono agudo. Dos policías cerca de ahí tomaron al hombre de los brazos y se lo llevaron a rastras a otra parte del aeropuerto, mientras este gritaba:
Let me go!!! I’m innocent! You can’t do this, I’m an American citizen, you bastards!!!— todas las personas presentes no dejaban de ver la escena con morbo— I have no @/#$&% power, you morons…

La joven también observaba la escena, pero a diferencia de todo el resto de personas, estaba aterrorizada. Distraída cómo era, Valeria ni siquiera se había enterado, antes de partir, que la ley estaba en votaciones en el congreso. Y la verdad tampoco le era relevante a ella en ese momento. Pero en su viaje había hecho un poco más que sólo ser una turista. En la estancia en el viejo continente, había descubierto que la gente con poderes sí existía. Eran mucho más que una leyenda urbana, o un concepto abstracto en las noticias. Durante su corto tiempo allí, también entró en la categoría de sobrehumana, y sí bien ya no tenía los poderes, ella no podía estar segura de que no activaría uno de los sensores de los policías.

Valeria, dio un paso hacia atrás aterrada.
Voy a ir al baño un momento, ya vuelvo…—la joven se dio la vuelta y se dirigió a un baño más atrás.
Pero Vale, ya casi vamos nosotras— dijo la madrina al lugar, donde hacía pocos instantes había estado su ahijada—. Pues, parece que de verdad tenía ganas de ir. Le dije que fuera en el avión, pero nunca me hace caso…

Una mujer alta y con anteojos oscuros, detrás de la señora, salió de la fila también y se dirigió a los baños donde estaba Valeria.

El baño estaba vacío, exceptuando a la adolescente que se miraba en el espejo con aspecto de preocupación. La mujer entró al baño sin hacer el más mínimo ruido y estaba cerca de la puerta justo donde no podía ser vista por Valeria.

¿Estás bien?—Valeria dio un saltito del susto, no había oído nada que la alertara de la presencia de la mujer. Guardó silencio, evaluando con la mirada a su interlocutora, quien sólo se quitó los anteojos oscuros y los colgó en el cuello de su blusa.

No era una adulta, porque parecía bastante joven, aunque era más alta que la mayoría de mujeres de la zona y por eso parecía mucho mayor. Vestía como una asistente ejecutiva, aunque llevaba dos pulseras en el brazo derecho, de plástico que no hacían juego con el resto del atuendo. Además sus ojos revelaban una madurez que pasaba por mucho la suya. Esta doña aparenta más de veinte, pero creo que es pura ilusión, con costos debe tener un año más que yo, pensó Valeria, la pregunta es: ¿Qué putas querrá conmigo?

¿Tienes poderes, verdad?—dijo la otra joven yendo al grano. La menor se atragantó, la otra joven sabía mucho más de lo que parecía.
No… Si… No estoy muy segura, la verdad— dijo Valeria casi susurrando. La otra muchacha se quitó una de las pulseras y se la tiró.
No tienes poderes, aún… Pero creo que igual activarías la alarma. Así que mejor póntela, con eso pasarás desapercibida a los detectores— la adolescente no lo sopesó mucho y se colocó la pulsera. ¡Qué ironía me persiguen las pulseras! Pensó ella con ironía.
Gracias…
De nada, sólo recuerda actuar tranquila cuando llegue tu turno— le dijo mientras se daba la vuelta y tomaba el pomo de la puerta con su mano izquierda.
Mmmm, no me ha dicho ni cómo se llama, que doña más rara…— se dijo Valeria murmurando.

La otra joven se dio la vuelta como si hubiera oído y le dijo:
Por cierto, me llamo Kimberly… — Y salió del baño sin decir más.
La joven se quedó mirando impresionada a la puerta, y tras unos momentos ella salió también.

Pocos minutos después estaba con su madrina en la fila. Al pasar frente a los policías que se habían llevado al norteamericano, se le encogió el estómago, pero ningún sonido los alertó de que ella había pasado. Por un momento creí que esta pulsera no iba a servir de nada y que me iban a descubrir, pensó aliviada Valeria.

Sintió un golpe suave en el hombro, por un momento el miedo le regresó, pero se tranquilizó al ver atrás: Kimberly tenía la mano izquierda extendida hacia ella, con un papel y un lápiz.

¿Me das tu e-mail?— le preguntó con una sonrisa, y por un instante se vio de la edad que en verdad tenía, dieciséis. Valeria dudo un poco, pero al final sonriendo tomó el papel y escribió. Al devolvérselo, la joven lo leyó rápidamente y lo guardó en su bolso.
Gracias, Valeria… Toma, aquí está el mío… —le dio una pequeña tarjeta con unas pequeñas siluetas de gatos negros, y se fue a tomar un taxi.

La tarjeta decía: “Te regalo la pulsera, espero que te sirva mucho. Nos hablamos… Kim” Y abajo estaba escrito su correo en una letra que denotaba, lo rápido que lo había escrito.

Por lo que veo, puedo empezar una colección de tarjetas de personajes extraños, se dijo recordando la tarjeta de cierto francés. Luego caminó rápido para alcanzar a su acompañante.

¿Quién era ella y qué quería, mamita?— le preguntó su madrina al ver que se había quedado atrás.
Una amiga que conocí en el baño… —respondió Valeria. Tal vez las cosas no iban a ser tan tranquilas, cómo había creído, de ahora en adelante… Y en cierta forma se alegró. Ya no voy a tener derecho de decir que estoy aburrida, pensó sonriendo.
Ambas salieron del aeropuerto, y la joven vio a su familia: mamá, papá y hermana de pie junto a una columna esperándola.


***

El tono de llamada de un vidcon me sacó del mundo de mis recuerdos. Pero no era el mío, era imposible utilizar uno en ese lugar o eso creía yo.
Kimberly contestó la llamada y la canción de Coldplay dejó de sonar. Claro quien puede usar un vidcon aquí, si no es Kim, para eso es la Maestra, me dije. En los quince segundos que duró la llamada, vi como la cara de ella pasaba de reflejar una total tranquilidad, al rostro que yo asociaba al de una madre preocupada.
Algo grave tenía que haber pasado.

Ella se levantó de la silla y me dijo:
Alicia, está en el hospital— su rostro ya no expresaba preocupación evidente, los años de práctica en esconder sus emociones seguían dando frutos. Me puse en pie también, yo quería acompañarla. Alicia era la sobrina de Kim, pero la consideraba más como su hija, así que me pareció un buen momento para dar mi apoyo moral—. ¿Debo suponer que vas a ir conmigo no?

Yo asentí.

Así que, sin demoras me tomó de la mano y me sumí en la oscuridad mientras Kimberly nos teletransportaba al hospital.