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Cole (Versión 2)



Bueno, está es la segunda versión del cuento Cole.

Le tengo cariño, fue el primer original que escribí, y además porque con este gané un concurso en mi colegio y a nivel Circuital.

Se podría decir que esta es una versión "censurada", porque la cambié un poco para el concurso, y además hay unas escenas narradas un poco diferente.

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Cole


Recuerdo cuando la vi por primera vez. Estaba sola, sentada junto a esa malla, a la par de la cancha de fútbol. Se veía triste mientras leía un libro que parecía viejo. Una bola de fútbol pegó a su lado, ella se limitó a darle vuelta a la hoja. Me pareció ver que suspiró.

Mis compañeros pidieron la bola de vuelta. Yo me fui hacia la pelota, y le pasé el balón a esa sarta de imbéciles que se reían de ella y le decían cosas que yo había oído por años. La joven no hizo nada, solo siguió leyendo.

Admiré su valor, su sangre fría al no inmutarse. Yo nunca había podido soportarlos, pero ella los ignoraba olímpicamente. ¿Cómo podía ser que esa “nueva” soportaba el martirio que yo había sufrido desde kinder? Y lo más, ¿Por qué con ella? ¿Por qué esos cabrones eran tan poco hombres, para meterse con una muchacha bonita? ¿Solo por leer y no disfrutar de telenovelas? Patético.

Yo la encontraba muy linda, pero... ¿Cómo me le iba a acercar si no me dejaban en paz? Con esos desgraciados cerca de mí, cuidando hasta del último detalle de lo que hacía o no hacía, para convertir mi día en el cole en un martirio. No era justo. Ellos nunca lo habían sido conmigo.

Un día, en el almuerzo, me intentaron golpear, y yo corrí, porque contra esos gorilas no tenía oportunidad. Iba pasando por un pasillo desierto y ahí fue cuando la vi de nuevo, tan sola como siempre. Y con su libro usual, pero a mi sí me parecía más humana mientras comía. Me le acerqué un poco y, al verme, ella sonrió.

Nadie, nunca en el colegio, la había visto sonreír de verdad.

Junté fuerzas para acercarme más a ella y hablarle pero mis piernas se negaban a obedecer. Miré a mi alrededor intentando tranquilizarme, la chica había encontrado un lugar muy hermoso, con una colina verde a un costado del edificio. Estaba bastante apartado del bullicio del comedor y de las canchas de fútbol. Era en un lugar seguro, donde confiaba que ellos no me buscarían. Me relaje un poco al notar eso.

Con un nudo en la garganta, por fin me atreví a sentarme junto a ella. La chica me miró directamente a los ojos, con un poco de curiosidad y apartó un largo mechón de cabello de su rostro. Tomé aire y me lancé, inicié una conversación.

Empezamos a hablar. Pero mi gran bocota y yo, sólo podían decir estupideces. Eso a ella no le parecía importar, nada más me sonreía y de vez en cuando preguntaba sobre los temas de los que yo parloteaba.

La campana sonó.

El mejor almuerzo de mi vida había terminado.


Al día siguiente fui de nuevo a la colina, está vez ella habló más, igual yo era el que más hablaba, pero la joven seguía feliz y yo también. Al fin sentía que valía la pena ir al colegio. Seguí yendo cada vez que me podía escapar de mis infelices compañeros de clases.

Pero un día lo descubrieron.

Recuerdo cómo se burlaron de nosotros: nos llamaron de todo, desde "rechas enamorados", hasta cosas como novios. Me vi obligado a dejar de almorzar con ella, por presión de mis compañeros. La chica permaneció seria y callada, con su libro en la mano. Pero cuando nos cruzábamos en los pasillos, me parecía ver una amargura en su mirada que no estaba antes. Eso no ayuda a hacerme sentir mejor.

Mis compañeros nos molestaban mucho y me impedían acercarme a ella. Creo que eso la hirió más de lo que jamás demostró.

Medio año después, conseguí regresar al lugar de los almuerzos. El año escolar estaba a punto de acabar. Y allí estaba ella como siempre lo había estado. Pero algo había cambiado, el libro no la acompañaba. Sus ojos estaban rojos.

—¿Y tu libro? —le pregunté, mirándola detenidamente.

—Lo rompieron esos desgraciados... —se le quebró la voz. Ella se aclaró la garganta y prosiguió—. Era el libro favorito de mi abuelo, de cuando estaba vivo.

Yo no sabía bien cómo consolarla, sólo la abracé, y le dije que olvidara a nuestros compañeros. Pero ella no había terminado de hablar, se separó de mí y me dijo suavemente:

—Encontré otro cole, váyase conmigo. ¡Por favor! No es humano estar aquí y lo sabe —ella me miró expectante, con los ojos brillantes.


Pero yo no podía, a mí no me iban a permitir cambiar de colegio. Si pudiera ya no hubiera estado allí. La campana sonó, ella no se levantó, pero me seguía mirando fijamente. Ya lo sabía.

—Entonces... ¿Esta es su decisión? Yo el próximo año ya no regreso, tengo la oportunidad de más y la voy a aprovechar, ya me matriculé. Piénselo bien —se levantó, recogió sus cosas y se fue a su clase sin volverme a ver.

Me entristecí, pero no podía acompañarla, a mi única amiga.

Tres días antes de finalizar el curso, me fui a almorzar con ella de nuevo. Los dos comimos en silencio, ella estaba seria, ya no sonreía. Terminó de comer, lavó sus dientes y me miró.

—Yo te gusto... ¿verdad? —Ella se levantó mientras la campana sonaba.

Yo seguía ahí sin decir nada, en shock. ¿Como lo había averiguado? ¿Acaso era tan obvio lo que yo sentía?

Cuando ella ya iba por medio pasillo, me volvió a ver y me dijo tristemente:

—Muy tarde, lo lamento, yo ya no vengo más al cole. Tal vez nos veremos... después. —y sonrió por última vez, como dándome a entender que era algo mutuo.

Creo que estaba dolida, porque jamás tuve valor suficiente para decIrle lo mucho que me gustaba.

¡Qué tonto fui!


Dos años pasaron. Estaba en el último día de quinto año de secundaria. Las cosas seguían igual en mi colegio. Todo excepto que ahora estaba sin ella.

Iba caminando hacia mi casa, mucho más tarde que de costumbre, y la vi. Estaba más hermosa que nunca. Ella iba caminando por el otro lado de la calle, con unas muchachas, usando un vestido claro, seria como lo usual.
Pero por un breve instante, ella sonrió, justo como cuando almorzábamos juntos.

Yo me detuve para verla mejor, pero era tarde, un autobús tapó mi vista. Cuando este se fue, ella ya se había ido.

Mi momento había pasado, de nuevo me agarró tarde.


Esos años habían sido un suplicio, todo excepto ella.

Cole (Versión 1)

Bueno, esta es la primera versión de este cuento. 
Más adelante pondré la otra.


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Cole



Recuerdo cuando la vi por primera vez, ella estaba sola, sentada junto a esa malla, a la par de la cancha de fútbol. Se veía triste, leía un libro que parecía viejo. Una bola de fútbol pegó a su lado, ella se limitó a darle vuelta a la hoja. Me pareció ver que ella suspiró.


Mis compañeros, pidieron la bola de vuelta. Yo me fui hacia esta, y le pasé el balón a esa sarta de imbéciles que se reían de ella y decían cosas que yo había oído por años.
Ella no hizo nada, siguió leyendo.


Admiré su valor, su sangre fría al no inmutarse, yo nunca había podido soportarlos, pero ella los ignoraba olímpicamente. ¿Cómo podía ser que esa nueva soportaba el martirio que yo había sufrido desde kinder?
¿Y lo más, por qué con ella?
¿Por que esos cabrones eran tan poco hombres, para meterse con una muchacha bonita?
¿Solo por leer, y no disfrutar de telenovelas?
Patético.




Yo la encontraba bonita, pero... ¿Cómo me le iba a acercar si no me dejaban en paz? Con esos desgraciados cerca de mí, cuidando hasta del último detalle mío para hacer mi día en el cole un martirio. No era justo. Nunca lo habían sido conmigo.








Un día en el almuerzo, me intentaron golpear, y yo corrí, porque contra esos gorilas no había oportunidad. Iba pasando por un pasillo desierto, y ahí fué donde la ví de nuevo, tan sola como siempre. Y con un libro lo usual, pero a mí si me parecía humana mientras comía. Me le acerqué, y al verme ella sonrió.


Nadie nunca en el colegio la había visto sonreír de verdad.


Empezamos a hablar, pero yo y mi bocota, sólo podía hablar de estúpideces. Pero a ella no le parecía importar nada más me sonreía, y de vez en cuando me preguntaba de los temas de los que yo decía. La campana sonó. El mejor almuerzo de mi vida había terminado.


Al día siguiente fuí de nuevo, está vez me ella habló más, igual yo era el que más parloteaba, pero ella seguía feliz, y yo también. Al fin sentía que valía la pena ir.
Seguí yendo cada vez que me podía escapar de mis infelices compañeros de clases.


Pero un día lo descubrieron, recuerdo como se burlaron de nosotros, nos llamaron de todo, desde "rechas enamorados", hasta lo innombrable. Me vi obligado a dejar de almorzar con ella. Ella permaneció seria y callada, con su libro en mano.


Medio año después, conseguí regresar al lugar de los almuerzos, el año escolar estaba a punto de acabar. Y allí estaba ella como siempre lo había estado.
Pero algo había cambiado, su libro no estaba. Sus ojos estaban rojos.


—¿Y tu libro?—Le pregunté, mirándola detenidamente.
—Lo rompieron esos malparidos...— Ella se aclaró la garganta y siguió— Era el libro favorito de mi abuelo, de cuando estaba vivo.


Yo no sabía que decir, la abracé, y le dije que olvidara a nuestros compañeros. Pero ella no había terminado de hablar, se separó de mí y me dijo suavemente:


—Encontré otro cole, váyase conmigo. ¡Por favor! No es humano estar aquí y lo sabe.— Ella me miró expectante, con los ojos brillantes.


Pero yo no podía, a mí no me iban a permitir cambiar de colegio. Si no ya no hubiera estado allí.
La campana sonó, ella no se levantó, pero me seguía mirando fijamente. Ya lo sabía.


—Entonces... ¿Esta es su decisión? Yo el próximo año ya no regreso, tengo la oportunidad de más, y la voy a aprovechar, ya me matriculé. Piénselo bien.— Se levantó, recogió sus cosas y se fue a su clase sin volverme a ver.




Me entristecí, pero no podía acompañarla, a mi única amiga.





Tres días antes de finalizar el curso, me fui a almorzar con ella. Los dos comimos en silencio, ella estaba seria, ya no sonreía. Terminó de comer, se lavó sus dientes y me miró.


—Yo te gusto... ¿verdad? — Ella se levantó mientras la campana sonaba. Yo seguía ahí sin decir nada, en shock. ¿Como lo había averiguado?


Cuando ella ya iba por medio pasillo, me volvió a ver y me dijo tristemente:
—Muy tarde. Lo lamento, yo ya no vengo más. Tal vez nos veremos... después... —Y sonrió.




¡Qué imbécil fui!






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Dos años pasaron, estaba en el último día, de mi último año de secundaria. Iba con mi uniforme distintivo de generación. Las cosas seguían igual en mi colegio. Todo excepto que estaba sin ella.



Iba caminando hacia mi casa, y la vi. Estaba más hermosa que nunca. Ella iba caminando por el otro lado de la calle, con otra muchacha, seria como lo usual.
Pero por un breve instante, ella sonrió, justo como cuando almorzábamos juntos.
Yo me detuve para verla mejor, pero ya era tarde.


Mi momento había pasado, de nuevo me agarró tarde.




Esos años habían sido un suplicio, todo excepto ella.